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Alcor Fisioterapia
Espalda22 de septiembre de 2026Por Laura Martín4 min de lectura

Dolor de espalda en la oficina: 7 hábitos que sí funcionan

Mujer trabajando en un escritorio de oficina que se estira la espalda junto al ordenador

Si trabajas sentado, conoces la sensación: llegas a media tarde con la zona lumbar cargada, el cuello rígido y ganas de tumbarte en el suelo. No hace falta cambiar de trabajo ni comprar una silla de mil euros. Con unos cuantos hábitos bien elegidos, la mayoría de la gente nota la diferencia en pocas semanas.

En Alcor vemos cada día a personas que pasan siete u ocho horas delante de una pantalla. Casi todas llegan con la misma idea: «tengo mala postura». La realidad es más sencilla y, a la vez, más fácil de arreglar. El problema no suele ser una postura concreta, sino pasar demasiado tiempo en la misma. Tu espalda está hecha para moverse, y lo que más le molesta es la quietud.

1. Muévete cada 30 o 40 minutos

Es el hábito que más cambia las cosas y el que menos cuesta. No se trata de hacer una tabla de ejercicios, sino de interrumpir la postura: levántate a por agua, ve al baño, haz una llamada de pie o acércate a hablar con un compañero en lugar de escribirle. Dos minutos bastan.

Si se te olvida, pon una alarma discreta en el móvil o en el ordenador. Al principio te parecerá una tontería; al cabo de una semana, tu cuerpo empezará a pedírtelo solo.

2. Ajusta la pantalla antes que la silla

Mucha gente se obsesiona con la silla y se olvida de la pantalla. Si el monitor está demasiado bajo, acabas con la cabeza adelantada y el cuello trabajando el doble. La regla práctica es esta:

  • El borde superior de la pantalla, a la altura de los ojos o un poco por debajo.
  • La pantalla, a un brazo de distancia.
  • Si usas portátil, súbelo con un soporte o unos libros y usa teclado y ratón externos.

3. Apoya bien los pies y la zona lumbar

Siéntate con los pies apoyados en el suelo y las rodillas más o menos a la altura de las caderas. Si no llegas, usa un reposapiés o una caja. Para la zona lumbar, un cojín pequeño o una toalla enrollada a la altura de la cintura ayuda a mantener la curva natural sin esfuerzo.

Ojo: no se trata de estar recto como un palo todo el día. Cambiar de postura de vez en cuando es bueno. Lo que buscamos es que la postura de partida no te obligue a forzar.

4. Haz tres estiramientos sencillos en tu sitio

No necesitas esterilla ni ropa de deporte. Estos tres puedes hacerlos sentado, sin llamar la atención:

  1. Extensión de espalda: manos detrás de la cabeza, abre los codos y lleva el pecho hacia el techo. Mantén cinco segundos y repite cinco veces.
  2. Giro suave: sentado, gira el tronco hacia un lado apoyando la mano en el respaldo. Diez segundos por lado.
  3. Retracción de barbilla: mete la barbilla hacia atrás, como si quisieras hacer papada, sin bajar la cabeza. Diez repeticiones.

Si alguno te provoca dolor, déjalo. Estirar no debería doler; como mucho, notarás tensión.

5. Camina más fuera de la oficina

Lo que haces en las otras 16 horas del día también cuenta. Caminar es de lo mejor que puedes hacer por tu espalda: activa la musculatura del tronco, mejora la circulación y descarga tensión. Bájate una parada antes del autobús, aparca un poco más lejos o sal a dar un paseo después de comer. Media hora al día ya se nota.

6. Fortalece, aunque sea poco

Una espalda fuerte aguanta mejor las horas de silla. No hace falta ir al gimnasio cinco días a la semana. Dos sesiones cortas de ejercicio de fuerza, con ejercicios básicos como puentes de glúteo, planchas o remo con goma, marcan la diferencia a medio plazo. Si no sabes por dónde empezar, pregúntale a tu fisio: en una sesión te puede enseñar tres o cuatro ejercicios adaptados a ti.

7. No esperes a que el dolor sea insoportable

Es el error más común. Muchas personas aguantan semanas con molestias «porque ya se pasará» y llegan a consulta cuando el dolor ya les impide dormir o concentrarse. Cuanto antes se trata una sobrecarga, más fácil y más rápido es aliviarla.

Una buena señal de alarma: si el dolor dura más de una semana, si empeora en lugar de mejorar o si notas hormigueo en las piernas, ve a que te vea un profesional. Y si el dolor es muy intenso, aparece de golpe o va acompañado de fiebre o pérdida de fuerza, acude primero a tu médico.

¿Y la fisioterapia, cuándo?

La fisioterapia no sustituye a estos hábitos: los complementa. En una sesión podemos aliviar la tensión acumulada con terapia manual, revisar cómo te mueves y darte pautas concretas para tu puesto de trabajo. Si quieres saber más, echa un vistazo a nuestro servicio de tratamiento del dolor de espalda.

Un detalle práctico: abrimos de lunes a sábado de 7:30 a 22:00, así que puedes venir antes de entrar a trabajar o al salir, sin pedir permisos. Si además tu empresa tiene convenio con nosotros, mejor todavía.

La mejor postura es la siguiente. Cambiar de posición a menudo protege más tu espalda que cualquier silla.

Empieza por uno o dos de estos hábitos, los que te resulten más fáciles, y suma los demás poco a poco. Tu espalda te lo agradecerá antes de lo que crees.

¿Te suena lo que cuenta este artículo? Pide cita por WhatsApp al 983 061 378. Primera visita por 35 € y sesiones desde 28 €, de lunes a sábado de 7:30 a 22:00.
Laura Martín

Laura Martín · Coordinadora del equipo · Fisioterapeuta

Organiza los turnos de los ocho fisios y revisa los casos que necesitan más de una mirada. Le gusta explicar cada ejercicio hasta que lo haces bien sin ayuda.

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